Todo lo que Amsterdam me enseñó de sexo

Le Sex

Hay pocas ciudades en el mundo tan libres sexualmente y al mismo tiempo, tan amables como Amsterdam. Visité la capital holandesa en plan de exploración sexual y descubrí que detrás de su mote de “la ciudad del pecado”, se esconde una cultura super respetuosa de las libertades individuales, de la que se puede aprender mucho. Esto es lo que aprendí yo.

Publicado en Revista Oh La La

  1. ¿Cortinas? ¡Si no hay nada que ocultar!

Una de las primeras cosas que vas a notar en Amsterdam, y que es clave para entender la relación de esta ciudad con el sexo, es que en las ventanas de las casas no hay cortinas. De noche, en barrios como Nieuwmarkt o Jordaan,  es imposible no notarlo. La tentación de espiar es grande, sobre todo porque además, las decoraciones de interiores son hermosas. Pero  entre todo ese “fisgoneo” vas a terminar viendo holandeses desnudos en sus livings, parejas acurrucadas en la cama y escenas que en Baires serían para alquilar balcones. ¿Son exhibicionistas? No ¿Por qué lo hacen? Si se lo preguntás, te van a dar una respuesta más que sencilla: porque no hay nada que esconder. Holanda es un país de tradición calvinista, no católica, y parte de su cultura se formó alrededor de la transparencia. Arranca con las ventanas, sigue con la prostitución y termina con el uso de los fondos públicos.

  1. ¿El picnic se puso hot? ¡No hay problema!

Si estás franeleando con tu novio y querés pasar a mayores entre las hermosas flores de los parques amsterdameses, dale nomás. En 2008, las autoridades decidieron aprobar una norma que vuelve legal el sexo en los espacios verdes, porque después de todo, “las parejas no están cometiendo ningún delito”. Esto rige en todos los parques pero es especialmente evidente en el Vondel, que comenzó siendo un lugar de encuentros gays para luego convertirse en una “Villa Cariño” general. Por supuesto, como todo en Holanda, hay reglas: tiene que ser de noche, no se pueden dejar preservativos tirados, hay que chequear que no haya menores cerca y está prohibido hacer ruido. El sexo es parte cotidiana de la vida de esta ciudad, pero no esperes “descontroles” públicos. Los holandeses son muy discretos en sus muestras de pasión, por lo que todo podría pasar cerca tuyo ¡y ni te enterarías!

  1. ¿Y la tensión sexual? Te la debo

Una de las cosas más desconcertantes de llegar a una ciudad tan liberal, es darte cuenta que esa electricidad que flota en el aire en Buenos Aires por ejemplo, cuando un flaco que te gusta te sostiene la mirada en el subte o el viento te levanta el vestido en una esquina, directamente no existe. Podrías salir a andar en bici en tanga que nadie va leerlo como un gesto de seducción. Esto, que es hermoso y liberador, también es desconcertante. ¿Cómo se seducen? Bueno, no es nada raro que un hombre te encare sin mucho preámbulo. Alguien puede pedirte tu número en un bar de manera sorpresiva. Vos tenés derecho a hacer lo mismo también.  La igualdad entre sexos en este país es una realidad y una vez más, la transparencia, es clave. Las apps de seducción también están a la orden del día. Las que mejor funcionan son Happn y una local llamada Hyves.

  1. “Deme tres vestidos, dos curitas y un vibrador…”

Es difícil entender lo  gigante que se volvió el mercado de sex toys para chicas hasta que visitás Europa del Norte. Ya no hace falta ni que entres a un sex shop para comprar uno. Podés conseguirlo en tiendas de belleza como Monoprix, de artículos para el hogar como Hema, en algunas sucursales de HyM o de su equivalente holandés Monki. En algunos baños de bares hay expendedoras que te permiten sacar vibradores por el módico precio de cuatro euros. Olvidate de las formas obsenas, hoy vienen con diseños adorables y naif como heladitos, lápices labiales, o bananitas de colores (de la marca Oui Oui). Tanta oferta tiene una explicación: la masturbación femenina no es, en absoluto, un tabú en un país tan liberado.

  1. Las chicas solo quieren tech sex  

Desde que se convirtieron en objetos de tecnología y diseño, los sex toys ya no son algo a lo se recurre “porque no conseguiste chongo”, sino otra dimensión a explorar. En el Barrio Rojo, mientras los hombres pasean por escaparates, las mujeres dan vuelta las tiendas especializadas exclusivamente en ellas, que cada vez son más. Están abiertas día y noche, se ven adorables y son atendidas por vendedoras divinas que te cuentan sus experiencias con los productos. La marca alemana Fun Factory y la sueca Lelo lideran las ventas no solo con vibradores ultra sofisticados sino con productos que no imaginábamos ni que existían: masajeradores de clitorís (con efecto succión) y dispositivos simuladores de sexo oral (Ora 2 de Lelo es uno de los más vendidos). Además, el giro está en las posibilidades tecnológicas que ofrecen. Muchos pueden sincronizarse con tu celu vía bluetooth para vibrar en modo random con tu playlist favorita, o como es el caso del hit holandés We wibe, ser manejados remotamente por alguien desde otra punta del mundo.

  1. Visitar un burdel es revelador

Amsterdam es una ciudad bella y pacífica, pero la energía del Red Light District de noche podría no ser como esperás. Para empezar, porque vas a tenér que lidiar con una  marea de hombres que no van a parar de mirarte aunque no estés en la vidriera. Y además, porque seguramente te va sorprender la actitud de las chicas que sí lo están. Ellas no lucen dóciles ni encantadoras sino más bien en cualquiera, masticando chicles, mirando sus celulares e indiferentes. Se trata de un código completamente desconocido para la mayoría de nosotras. Para entender qué pasa detrás de escena, como mujer, puede resultarte interesante la experiencia de visitar el Museo de la Prostitución, un ex burdel que desde hace un año te permite ver aquello que solo ven las prostitutas. Además de recorrer las habitaciones, podés conversar con trabajadoras sexuales pertenecientes a organizaciones que se dedican a mejorar la seguridad y la independencia de las mujeres del Barrio Rojo. Se trata de una experiencia que hará que abras tu cabeza, y pienses en temas que seguramente nunca te habías planteado.

  1. Cuidarse es cool

Los holandeses reciben su primera clase de educación sexual en el colegio a los cuatro años. Y su formación continúa a lo largo de toda su escolaridad. La prevención de enfermedades y de embarazos no deseados es un éxito y aunque el aborto es legal, no crece en números desde hace muchos años. Una de las claves de la “prolijidad sexual” es que el hábito de cuidarse está totalmente celebrado. Prueba de esto es la existencia de La Condomerie, una boutique de condones “de culto” que está por cumplir 30 años y que ofrece novedades en la fabricación y diseño. Ahí se consiguen por ejemplo, los nuevos preservativos de grafeno, un material más seguro que el látex. Dentro del local además, se puede acceder a un ranking de ventas. Por estos días, Love Light Tecno Sex, un condón que se ilumina en la oscuridad, lidera la lista , seguido de Futuro Blue Diamond, un preservativo reforzado con viagra en gel cuya venta únicamente está aprobada en Holanda y Bélgica. La Condomerie resume toda una posición: cuidarse también es un acto creativo.

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