Querés QUÉ???

SEX❤

En octubre trabajé con especial empeño en una nota que salió en diciembre en Oh La La. No fue una nota, fue catarsis. Y fue acerca de pedidos (sexuales) extraños, a las pocas horas de haber conocido a alguien. Se me ocurrió después de una primera cita espeluznante. Una que rankea en mi Top 3 de “saquenme de acá” citas. Quedé tan shockeada y pensativa que pensé que escribirla sería un modo de desahogo, una excusa para repensar cómo estas cosas pueden ser posibles y de paso, darle un servicio a la “comunidad”. Si hay algo que aprendí este último tiempo es que no soy ninguna excepción, que las cosas no me pasan a mi sola y que hablar y escribir sobre eso hace más fácil y definitivamente más divertido el desconcierto. Si la pasé “raro” al menos, que sirva para algo.

Le hablé a Sole, mi editora de Oh La La sobre esa idea y ella se copó. “Mandame ejemplos acerca de esas situaciones extrañas de las que hablás”, me pidió. No tuve que hacer mucho research. Mis propias catarsis espontaneas con amigas me habían llenado de anécdotas consuelo del estilo “a mi una vez me pasó algo parecido”, y ahora mi repertorio de excentricidades era enorme. La escribí, apreté send. Y la respuesta me sorprendió. “Todo bien pero hay dos casos que no me los creo…El primero es…” El primero era el mio.

“Un tipo le pide a una mina que le pise los testículos con tacos aguja? ¿Qué es esto? ¿50 sombras de gray?”, me escribió incrédula. “Ok, no quería confesarlo pero lo voy a tener que hacer: me pasó a mi.Y no me pasó con un pseudo rockstar trash. Me pasó con un científico…” (di más datos que no pienso revelar acá). “Creeme, ahí afuera están raras las cosas. Este mail se autodestruirá en 3,2…”. Sole confió en mi.

La cita. Lo que importa acá es la cita. Fue un día de semana. Incluyó cena en restaurante mexicano palermitano y una situación divertida porque era la segunda vez que nos veíamos. Lo conocí entrevistándolo y me parecía un tipo interesante. Estoy segura de que lo es, solo que me temo que mi pelo rosa, mis fotos en tacos de 15 cm y un breve stalkeo le dejaron una impresión equivocada. Por esta maldición machista ancestral que cae sobre todos nosotros, él, que era brillante, creyó ver en mi una suerte de Disney Landia del fetish. La cuestión de las interpretaciones lisas y llanas y las visiones unidimensionales sobre las mujeres estéticamente no muy convencionales, sigue siendo un tema. Antes de que llegaran los mojitos ya me había revelado que era casado (encima!), ex swinger, actual “heterosexual típico que se hace el monógamo pero no lo es” (así lo dijo) y que tenia un mambo con los zapatos. Lo dejé hablar y se envalentonó. Lo dejé hablar aún más y se soltó aún más. Lo dejé, lo dejé y mordió banquina.

Los detalles son casi inverosímiles y algo ridículos pero luego de una lista de confesiones bizarras me sugirió que nos vayamos y que hiciéramos lo que él realmente quería lograr: que le aplastara los testículos con mis tacos. Mi primera reacción fue la risa y un chiste: dejarle la apuesta abierta al otro para retractarse a través del humor suele ser una salida elegante. “Esta noche, ups, yo no estoy en tacos”. No notó la salida. ¿Retractarse? On fire, me preguntó si acaso no tendría algunos en la cartera (????).

Tengo un don especial para divertirme con situaciones con las que otras mujeres se asustarían y su ausencia total del sentido del ridículo resultó ser muy estimulante para mi. Pero de ninguna manera terminé pisándole ninguna parte de su cuerpo.

Me encantan las freakeadas y no estoy en contra para nada de compartir fantasías . Me divierten, y me parece que es hermoso cumplirlas. De lo que sí estoy terminantemente en contra es del trato utilitario de las personas. ¿Quería él saber algo de mi? ¿Le intrigaba alguna otra cosa más que si usaba tip toes o open toes? ¿Lycra o seda? Nop. Todo era acerca de él y sus fantasías y sus deseos, y sus urgencias, y sus teorías rebuscadas. Tuve la completa seguridad de que le daba lo mismo que la que estuviera sentada ahí fuera yo o cualquier otra. Creo honestamente que él no buscaba una cita con un humano sino un servicio. Algo bastante habitual en el mundo de las citas adultas. Algo que muchas mujeres sentimos cada vez más seguido.  “Vas a cumplir mis fantasías solo porque sos una copada”. Este enfoque cerraba perfectamente a medida que notaba que, curiosamente no había una propuesta de placer para mi en ninguna de sus ideas. “Pisame”, “bailame”, “tocame”. ¿De dónde extraería yo algún goce? Eso es algo que jamás se había preguntado. Y ESO, fue lo que realmente me molestó.

Desaforado, desbordado, y completamente ensimismado, el científico jamás reparó que mis carcajadas no eran signos de aprobación sino de burla. Una burla que nació de la certeza de, a esta altura de mi vida, tener control de estas freakeadas.

Me tomé un taxi jurándole que pronto lo llamaría con una respuesta, que me sentía algo “arrasada” por su impetú. “Claro…te gusta tener el contro ¿no? Sos muyyyy dominante”. “Eh…si si, te llamo, te llamo…chau”.

Esa noche tuve una pésima cita, pero me llevé un gran sumario: un puñado de ideas oscuras para notas y la firme convicción de que escribir sobre sexo no es sólo reírnos de las posiciones raras que se pueden lograr. Yo encontré exactamente lo que me molestó y no tuvo nada que ver con lo incomodo que puede ser caminar con tacos sobre testículos. Sé que son muchas las mujeres que podrían haberse hecho un replanteo vital por haber atraído a alguien así. Pero yo soy quien soy y hago lo que hago y este es el riesgo que asumo: el de la malainterpretación constante. Esa noche yo no me responsabilicé de nada. Agradecí al cosmos tener un lugar en dónde expresarlo y me puse manos a la obra. Nunca más lo vi.

Leé “Te pidió qué???” en Oh La La de diciembre y en este link

 

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